domingo, 16 de agosto de 2009

SACRIFICIO DE AMISTAD

LA VERDADERA AMISTAD

En un frente de batalla, en la guerra, un soldado le dice a su Teniente: - Mi amigo no ha regresado del campo de batalla señor. Solicito permiso para ir a buscarlo.

Permiso denegado- replicó el oficial- No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto.

El soldado haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El Teniente estaba furioso: ¡Yo le dije, que probablemente había muerto! ¿Dígame, merecía la pena ir allá para traer un cadáver? Y el soldado moribundo, respondió:

  • Claro que sí señor. Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y me dijo: "¡ESTABA SEGURO QUE VENDRÍAS!"

ES MEJOR LA MIEL QUE LA HIEL

LOS ENEMIGOS DEL EMPERADOR

En un lejano pueblo de China, se cuenta que cierto Emperador Chino, cuando le avisaron que en una de las provincias de su Imperio había una rebelión convocó a todos sus Ministros y Jefes Militares y les dijo: "Preparaos. Vamos. Seguidme, que iré y destruiré a mis enemigos".

Cuando el Emperador y sus tropas llegaron a donde estaban los rebeldes, los trato cariñosamente, quienes por gratitud, se sometieron de nuevo a su autoridad.

Todos los que formaban el séquito del Emperador pensaron que después de esto les ordenaría la ejecución de todos aquellos rebeldes que se habían sublevao a su autoridad, pero se sorprendieron en gran manera al ver que el Emperador trataba generosamente y con gestos altruistas a los rebeldes.

Entonces el Primer Ministro preguntó con mucha molestia al Emperador: ¿De está manera cumples con vuestro mandato, Excelencia?. Recuerda que tú dijistéis que veníamos a destruir a vuestros enemigos. Y los habéis perdonado a todos, y es más los tratáis con cariño.

Entonces el Emperador, con la misma actitud generosa le dijo: Os prometí destuir a mis enemigos, es cierto, pero acaso no veis que ya nadie es mi enemigo; he hecho que todos sean mis amigos ahora.

MATANDO CHISMES

LAS TRES REJAS
Un joven discípulo llega a casa de su maestro, un filósofo sabio, y le dice:
  • Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de tí con malevolencia..

Espera - lo interrumpe el filósofo- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

  • ¿Las tres rejas? - pregunta el discípulo.

Sí, le contesta el maestro. La primera es la VERDAD ¿Estás seguro que lo que quieres decirme es absolutamente cierto.

  • No, lo oí comentar a unos vecinos.

Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, le preguntó el maestro: La BONDAD. ¿Eso que deseas decirme es bueno o tiene algún beneficio para alguna persona?

  • No en realidad no. Al contrario, responde el discípulo.

Ah vaya. La última reja es la NECESIDAD, dijo el maestro. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

  • A decir verdad, no maestro.

Entonces dijo el sabio maestro, sonriendo, si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido, que allí no perturba, ni molesta a nadie.

RESPONSABILIDAD PERSONAL

EL CRISTIANO Y PELUQUERO

Un cristiano y un peluquero no creyente estaban caminando por los barrios de la ciudad. El peluquero dijo al cristiano: "Es por esto por lo que no puedo creer en el Dios que tú me hablas, en un Dios de Amor. Si Dios fuera sí como tú dices, Él no permitiría que estos vagos fueran adictos a la droga y a otros hábitos destructivos. No, no puedo creer en un Dios que permite todo esto".

El cristiano estuvo callado hasta que se encontraron con un hombre particularmente descuidado, en su aseo personal. El cabello le llegaba hasta el cuello y la barba sin rasurar.

El cristiano le dijo: "No serias un buen peluquero si permites que un hombre como éste continúe viviendo aquí sin un corte de pelo y una buena rasurada".

Indignado el peluquero contestó: "¿Por qué me culpas por la condición de este hombre? No puedo evitar que él este así. Nunca ha ido a mi peluquería, yo podría arreglarlo y hacerlo verse como un caballero si él me lo pidiera".

El cristiano miró fijamente al peluquero y le dijo: "Entonces no puedes culpar a Dios por permitir que los hombres sigan viviendo en sus malos caminos. Él constantemente los está invitando a acercarse para ser salvados y recibir sus promesas a través de su Santa Palabra, pero al igual que este hombre, no se lo han pedido".

CONFIANZA

EL EQUILIBRISTA
En Nueva York se acababan de construír las dos torres gemelas impresionantemente altas, a treinta metros de distancia una de la otra. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de estos edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre la cuerda. Antes dijo a la multitud expectante:
  • Me subiré y cruzaré sobre una cuerda con una vara, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr.

Claro que sí, respondieron todos al mismo tiempo. El equilibrista les respondió: pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr.

Habiendo logrado la hazaña bajo y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada:

  • Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por lo tanto, más que antes, necesito su confianza y fe en mí"

El equilibrista subió por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía. Entonces el equilibrista bajó y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo:

  • Ahora pasaré por última vez, pero será llevando una carretilla sobre la cuerda... Necesito, más que nunca, que crean en mí y confíen en mí.

La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible...

  • Basta que una sola persona confíe en mí y lo haré, afirmó el equilibrista.

Entonces uno de los que estaba atrás gritó:

  • Sí, si, yo crteo en tí, tú puedes. Yo confío en tí...

El equilibrista para certificar su confianza, lo retó:

  • Si de verdad, confías en mí, ven conmigo y súbete a la carretilla.

El que había gritado se quedó pasmado por la propuesta y agachó la cabeza y no profirió palabra alguna.

ESPIRITU OPTIMISTA

LA RANA ALTRUISTA
En cierta ocasión, dos ranas, y optimista y la otra pesimista, cayeron cada una, al mismo tiempo en vasijas que contenían leche.
La rana pesimista dijo: "No puedo salir de este cacharro, porque las paredes son muy lisas. No puedo respirar en la leche, voy a asfixiarme, estoy perdida". Y así sucedió, la rana se asfixió y murió en la vasija de leche.
La rana optimista no sabía tampoco que hacer, pero como era optimista trató de hacer algo y se agitó en todos sentidos, con el movimiento continuo y con mucho vigor de la leche se transforma en mantequilla. La rana entonces se sentó en la mantequilla y pudo respirar libremente. Luego de un salto salió de la vasija y se fue feliz de haber superado el problema.

SACRIFICIO DE AMOR

LAS TRENZAS Y LA PIPA
Cuentan que hace mucho tiempo vivía una pareja de esposos ancianos, de extrema pobreza. No habían tenido hijos y vivían sólo de la caridad de la gente. Cada día él salía hacia el mercado con la esperanza de conseguir alguna cosa para comer en la noche junto a su amor.
Su único tesoro era una vieja pipa de madera que hacía mucho tiempo que no veía el tabaco pero él se la colgaba en la boca para espantar un poco el hambre del día.
Ella se sentaba a media mañana en la entrada de la choza que habitaban y peinaba mil veces sus largas trenzas, su máximo tesoro y su orgullo. Sin embargo, el pelo blanco y largo hacía mucho que no conocía algún peine pues el último que había tenido se había destrozado y ya no pudo conseguir otro.
Al ponerse el sol, él llegaba con algún paquetito de frutas que alguien le había regalado, así era día a día.
Llegó el día del aniversario de bodas y él salió como cada mañana temprano, pensando qué le regalaría a ella, no tenía algo que regalarle y su día se vía negro. Por su parte, ella se sentó en la puerta de la casita pensando cómo celebrar si no había con qué.
Sin embargo, al llegar la tarde él llegó con un pequeño paquete que le dio con un suave beso en la frente -feliz aniversario- le dijo, ella sacó de debajo de la sillita donde estaba sentada y sacó también un paquetito que le entregó con una gran sonrisa. Al abrir cada uno su regalo, se miraron y sollozaron en silencio disfrutando del gran amor que Dios les estaba demostrando.
Ella había vendido sus trenzas en una peluquería y le había comprado un atadito de tabaco para la pipa; en cambio él había vendido su pipa y le había comprado un hermoso par de peines para las trenzas de ella.