jueves, 6 de agosto de 2009

AMISTAD SIN CONDICIÓN

EL ESCARABAJO Y EL GUSANO
(Autor desconocido)
Había una vez un gusano y un escabarajo que eran, amigos, pasaban charlando horas y horas.
El escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en movilidad, tenía una visibilidad muy restringida y era muy tranquilo comparado con los de su especie.
El gusano estaba muy consciente de que su amigo venía de otro ambiente, comía cosas que le parecían desagradables y era muy acelerado para su estándar de vida, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.
Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó la amistad hacia el gusano. -¿Cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro del gusano?- le dijo-. A lo que el escarabajo respondió que el gusano estaba limitado en sus movimientos. Elle le increpó nuevamente -¿Por qué seguía siendo amigo de un insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacía desde lejos? El escarabajo no le respondió.
Esto, era comprendido por el escarabajo, ya que sabía que de su limitada visión; muchas veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba y cuando se daba cuenta, no distinguía si se trataba de él para contestar el saludo, sin embargo calló para no discutir.
Fueron muchas las respuestas que buscaron en el escarabajo para cuestionar su amistad con el gusano, y al final, éste decidió poner a prueba la amistad del gusano alejándose un tiempo para esperar que lo buscará.
Pasó el tiempo y la noticia llegó: el gusano estaba muriendo, pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día emprendía el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a retornar hasta su lugar de origen.
El escarabajo decidió ir a ver sin preguntar a su compañera qué opinaba. En el camino varios insectos le contaron las aventuras que el gusano había atravesado, para averiguar qué le había pasado a su amigo. Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a dónde él se encontraba, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.
Llegó el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano esperando pasar a mejor vida. Al verlo acercarse, con las últimas fuerzas que la vida te da, le dijo cuánto le alegraba que se encontrará bien. Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado.
El escarabajo avergonzado de sí mismo, por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban. Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, ERA SU AMIGO, a quien respetaba y quería, no tanto por la especie a la que pertenecía sino porque le ofreció su amistad.
El escarabajo aprendió varias lecciones ese día. El escarabajo murió después de un tiempo. NUNCA SE LE ESCUCHÓ QUEJARSE DE QUIEN MAL LE ACONSEJÓ, PUES FUE DECISIÓN PROPIA EL PONER EN MANOS EXTRAÑAS SU AMISTAD, SOLO PARA VERLA ESCURRIRSE COMO AGUA ENTRE LOS DEDOS.

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