"También debe ser dulce", comentó otro experto.
"Debe tener firmeza y mansedumbre"...
"Debe saber dar buenos consejos"...
"Debe ser justo en momentos decisivos, alegre y comprensivo en los momentos tiernos"... y así fueron surgiendo los comentarios de los grandes arquitectos.
De pronto un obrero dice: "¿Cómo es posible, poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo?"
"Es fácil", contestó el Ingeniero. "Solo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga corazón de caramelo".
Todos rieron ante la ocurrencia, entonces se escucho una voz (era el Maestro, dueño del taller celestial): "Humm, veo que al fin comienzan a trabajar, comentó sonriendo. No es fácil la tarea, es cierto, pero no es imposible tampoco si ponen interés y amor en ello"
Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.
"¿Tierra?, preguntó sorprendido uno de los Arquitectos. ¡Pensé que lo fabricaríamos de mármol, o marfil o piedras preciosas!
Este material es necesario para que sea humilde, le contestó el Maestro. Y extendiendo su mano sacó de las estrellas y lo añadió a la masa. "Esto es para que en pruebas y aflicciones brille y se mantenga firme". Agregó a todo aquello amor, sabiduría, le dio forma, le sopló de su aliento y cobró vida, pero... faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un vacío.
"¿Y qué prondras allí?", preguntó uno de los obreros.
Y abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos Arquitectos, sacó su corazón, y le arrancó un pedazo, y lo puso en el centro de aquel vacío. Dos lágrimas salieron de sus ojos mientras colocaba nuevamente el corazón ensangrentado en su lugar.
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